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El anfiteatro de El Djem: el coliseo romano por el que sí puedes caminar

El tercer anfiteatro más grande del mundo romano, en mitad de la llanura tunecina: qué se ve, cómo es bajar a los subterráneos y por qué, sin colas, gana a la visita del Coliseo de Roma.

Andrea González · 7 de octubre de 2024 · 4 min de lectura

El anfiteatro romano de El Djem visto desde fuera, alzándose sobre el pueblo
El anfiteatro de El Djem, en mitad del pueblo.
Cómo llegar
En coche (como fui yo) o en tren, en la línea Túnez–Sfax: cinco directos al día desde Túnez (unas 3 h 32 min), con estación a pocos minutos a pie.
Entrada
12 dinares (unos 4 €) para no residentes. Incluye el Museo Arqueológico de El Djem.
Duración
Una hora o algo más para el anfiteatro; sobre 90 minutos si añades el museo.
Mejor momento
Por la mañana. En temporada baja no hace falta madrugar.

Qué es y por qué parar

El anfiteatro de El Djem es el tercero más grande del mundo romano, tras el Coliseo de Roma y el de Capua, y uno de los mejor conservados que quedan. Lo levantaron en el siglo III en la antigua Thysdrus, y es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1979. Se alza solo, enorme, en mitad de un pueblo pequeño rodeado de olivares y llanura.

Tiene una ventaja poco común: aquí sí entras, pisas la arena y bajas a los subterráneos, y casi sin gente.

La visita

El interior del anfiteatro de El Djem, con la arena y las gradas El interior del anfiteatro, desde la arena.

Se entra y se camina por dentro con libertad. Bajas a la arena, subes a las gradas y desciendes a los subterráneos, los pasadizos donde esperaban gladiadores y animales antes de salir al ruedo. Se recorren casi enteros, por todos sus niveles, hasta donde la piedra ya está derruida y no se puede seguir.

El recorrido está algo guiado, con barandillas en los escalones más grandes, y todo se ve limpio y cuidado: de lo más controlado que vi en Túnez. Desde lo alto de las gradas se ven el pueblo de El Djem y, alrededor, la llanura y los cultivos. Hay visitas guiadas en la entrada. Nosotros fuimos por libre con el folleto y fue suficiente.

De espaldas, bajando las escaleras de las gradas, con un arco y el pueblo de El Djem al fondo Bajando de las gradas, con el pueblo de El Djem al fondo.

Frente al Coliseo de Roma

La comparación es inevitable. El Djem es más pequeño que el Coliseo de Roma, eso es así. Pero gana en dos cosas que pesan más: aquí pisas la arena y recorres los subterráneos por tu cuenta, y apenas hay gente ni colas. Llegamos sobre las once de la mañana en octubre y estaba casi vacío.

Habiendo visto los dos, me quedo con este, por la libertad y la calma. Si quieres ver un anfiteatro romano auténtico, es un desvío que merece de verdad la pena. Para mí, la mejor parada de Túnez.

Práctico

  • Entrada y horario: 12 dinares (unos 4 €) para no residentes, e incluye el Museo Arqueológico. Abre a diario, con horario por estación: en invierno hasta las 17:30, en verano hasta las 18:30, y en Ramadán hasta las 17:00.

  • Calor y mejor momento: Por la mañana. En temporada baja no hace falta madrugar: en octubre, a las once, había muy poca gente y se estaba bien en manga corta, con sombra suficiente dentro. En verano, otra historia: ve a primera hora o al final del día.

  • Calzado: Cerrado, cómodo y con suela que agarre: hay escalones, desniveles y alguna piedra suelta, y se sube y se baja bastante.

  • Aparcar: Cuesta un poco. La zona se llena con coches de los vecinos; da una vuelta rodeando el anfiteatro y suele aparecer un hueco.

  • El pueblo: El Djem es pequeño y, en la práctica, es el anfiteatro. Hay cafeterías y sitios para comer, pero el monumento es el motivo para parar.

  • El museo, al lado: A pocos minutos a pie queda el Museo Arqueológico de El Djem, famoso por su colección de mosaicos romanos, y entra en la misma entrada. Si te sobra tiempo, lo tienes al lado.

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